sábado, 29 de mayo de 2010

Breve historia de un color

Los colores danzan en la azotea de aquél orfelinato, nadan en el cielo y se ven en el fondo del estanque... Y yo dónde estoy?
 
Yo soy un color más en la paleta, mis días pasan cargados de monotonía, solía ser un color indispensable en las obras de alguien, solía estar ahí. Yo era el color de los ojos de aquella chica que alguna vez fue dibujada bajo el puente del riachuelo, alguna vez fui el cielo en atardecer de una obra hecha en el taller del viejo pintor, era el pasto que acompañaba a la vista de un loco que imaginaba el pasto así.

Si, ese era yo, magenta, el color "energía", aunque hoy me veo como el color oscuro con el que se visten las remolachas, he perdido mi sentir, he perdido algo de luz, algo de la vida que los demás toman sin querer. 
Perdí ese esplendor que me hacía ese color encantador del que todos hablaban, tal vez me perdí en la última mezcla, tal vez alguien robo mi brillo y ahora reluce en un pedestal de mármol, tal vez como la pintura mal conservada me fui desvaneciendo en la noche. Aveces siento que los colores a mi alrededor toman algo de mí cuando quieren y no piensan que al hacerlo, yo soy el que sufre, el que pierde vida, no entienden que me destiño. 

Me pregunto si algún color en algún recóndito lugar de esta luminosa paleta estaría dispuesto a darme vida, luz... A darme lo que les permite a otros colores conocer la gracia de sentirse así, me gustaría sentir eso también, me gustaría sentir la energía, la satisfacción de tener al lado un color de contraste cálido, pero desafortunadamente sólo consigo guiños de colores lejanos, colores que un día me enceguecen con su maravilloso esplendor y otros solo veo como su esencia se pierde en lo más oscuro de la escala de grises. 


Pese a la ausencia de mí, aún no me animo.