martes, 3 de agosto de 2010

Amanecer

Ya está por extinguirse la noche de luna...
Es de madrugada y la luz aplaca a la oscuridad en las ventanas del segundo piso... Ambos perciben cómo se entrelazan los rayos de sol y de luna en danza cósmica,
sus cuerpos se van separando con el transcurrir de los minutos en cenizas.
de las velas ya no hay nada, de sus palabras tampoco,
la pasión aquí se ha escapado por las escaleras de fina piedra,
solo hay en el cuarto dos extraños en perspectivas perdidas,
esa cobija es demasiado grande para cubrir semejante abismo,
tal magnitud, tal profundidad, tal sosiego.

Abajo no cambia nada,
una llovizna suave cubre la sala y el comedor,
la nana abuela calienta las arepas en el ardiente fogón de leños trémulos...
De fondo se escuchan los sonidos incoherentes de la vieja radiola,
nana abuela no sabe de dónde proviene el frió que azula sus manos,
No sabe de dónde salió ese hoyo profundo que se llevó su mesa de té.

Al fondo de la casa, las cosas se viven de otra forma,
parece que el día aquí promete aventuras de piratas y tesoros,
de barcos y mares llenos de furia, de fantasía y desbordantes imágenes,
albercas frías mezcladas con la imaginación del pequeño Fermín,
cepillos como barcos a babor, jabones como ballenas robustas
y Fermín perdido en otro diminuto mundo de sueños.

Las aves no paran de escupir melodías,
la hora de un nuevo día florece junto a la ropa húmeda,
melodías casi tan delgadas como las descaradas nubes amanecidas,
melodías adornadas con la danza de los buitres mediocres,
llamados por el curioso abismo que se crea entre una pareja destinada al amanecer.